MUSICA

En Antioquia, tradicionalmente, han existido unas bien cimentadas cultura y afición por la música, tanto popular como culta o docta.

En la mayoría de las zonas rurales del departamento reina en abundancia la música popular, y existe una gran ausencia de música culta, salvo por la música religiosa en los templos católicos, y por una moderna campaña para crear orquestas y bandas municipales.

Monumento a la raza de Rodrigo Arenas Betancur, frente al edificio de la Gobernación de Antioquia, Medellín

No sucede así en Medellín, donde además de la popular, la música docta, o música culta, ha sido una necesidad imprescindible para el desarrollo de esta comarca paisa. La región tiene o ha dispuesto siempre de una elegante élite profesional en este terreno, y ha contado con varias orquestas sinfónicas y filarmónicas. Particularmente tradicional fue la Orquesta Sinfónica de Antioquia, que durante décadas deleitó a la ciudad, y hoy reemplazada por la Banda Sinfónica de la Universidad de Antioquia, la Orquesta Sinfónica Eafit y la Orquesta Filarmónica de Medellín. Actualmente destaca la figura del violinista y compositor Andrés Orozco-Estrada director titular de la Orquesta Sinfónica de Euskadi, una importante orquesta española con sede en San Sebastián (País Vasco).

Además, la región cuenta con muchos conjuntos de música antigua, ballets de renombre internacional, agrupaciones proyectadas hacia el futuro como la Orquesta Sinfónica Infantil y Juvenil, organizaciones de tradición como el Ballet Folclórico de Antioquia o corales como la Coral Tomás Luis de Victoria y el Estudio Polifónico de Medellín, estudiantinas, conjuntos de jazz, rock y pop, y mucha música tradicional colombiana popular y profesional.

Bambucos, pasillos valses criollos y canciones, así como un amplio repertorio latinoamericano de tangos, boleros y mariachis, añaden brillo al repertorio musical de la comarca, al igual que el tango; Carlos Gardel, el máximo exponente del tango, murió en Medellín en un accidente de aviación en el año 1935, y una de las calles más populares de Medellín se denomina “Avenida Carlos Gardel”.

Son igualmente históricos y tradicionales en Antioquia el cultivo y la producción de literatura y crítica musical culta, uno de cuyos ejemplos lo constituye el escritor Darío Valencia y su obra musical. Una de las obras de este autor puede mirarse en la Biblioteca Virtual de la Universidad de Antioquia,  en la cual se observan una erudición e implacable rigor sobre el denso tema dignos de cualquier escenario cultural europeo del más alto nivel.

En cuanto a la expresión musical popular, en el departamento son imprescindibles varios géneros incrustados profundamente en el colectivo antioqueño. Aquí resulta imprescindible citar varios de ellos, en especial la Música andina colombiana y panandina, la Trova paisa, la Música de carrilera, la Música guasca, la Música de despecho, el Bolero, la Serenata, la tradicional Música de cuerdas, los Mariachis y el Tango.

También se gozan y practican otros géneros populares del resto del país como el vallenato, la cumbia, el mapalé, e igualmente todo tipo de música popular internacional como la salsa, el jazz y el pop.

Resulta difícil citar la miríada de músicos antioqueños de gran repercusión; hay algunos, sin embargo, especialmente recordados por su legado no sólo local sino nacional e internacional. Entre ellos el Maestro Carlos Vieco, Maestro Blas Emilio Atehortúa, Maestro Pelón Santamarta, Maestro Jaime R. Echavarría, Maestro Jaime Llano González, Maestro León Cardona, Maestro Héctor Ochoa, Eusebio Ochoa, Jorge Molina Cano, Ballet Folclórico de Antioquia, Coral Tomás Luis de Victoria, Teresita Gómez, John Jairo Torres, Grupo Suramérica, Fausto, Espinosa y Bedoya, Dueto de antaño, Juanes, Darío Gómez, Salvo Ruiz, creador y padre de la trova paisa y Octavio Mesa, rey de la música guasca.

HUMOR

Para el paisa de Antioquia, el buen humor es parte de su alma.

Según el humorista antioqueño contemporáneo (2009) Germán Carvajal, integrante del conocido grupo “Los Marinillos”, la única finalidad del humor, o mejor, del buen humor, es hacer reír a la gente, para de esta manera proporcionarles una saludable forma de hacer lo que él llama “catarsis”, o “escape de las penas” y, en todo caso, una capacidad que los humanos tenemos pero que utilizamos poco, de tipo alegre y aportador, para salirnos del espíritu negativista, rabioso o destructivo que nos ronda siempre.

En la evolución de la cultura paisa —antioqueña, en este caso—, el sentido del buen humor ha constituido un rasgo fundamental de supervivencia. Con tinturas muy particulares, Antioquia es un pueblo que se sabe reír y que sabe hacer reír. En su buen humor se enjuagan penas y dramas, es cierto, pero también este humor se cultiva por sí mismo para reír, no más porque sí, porque el buen humor es equivalente a respirar o a tener latidos en el corazón: es un sentido de lo jocoso que pertenece al alma, y que posee personalidad, carácter y derecho propio.

Si bien el humor antioqueño algunas veces no es catalogado como “fino” —y no lo es por lo general si se compara por ejemplo con el célebre humor inglés—, es sin embargo un humor muy impactante y eficaz, un buen humor “al grano y que funciona”, y que constituye un magnífico rival para otros tintes de risa regionales colombianos y del exterior que poseen estilos de humor ciertamente diferentes.

En una síntesis general, hoy día no existe en Colombia nada parecido a un “humor colombiano” que se pueda diferenciar como tal. En Colombia el humor es la suma de los humores regionales, cada uno con su tinte especial, y está caracterizado por la diversidad de las riquezas de los chistes o chispazos locales.

En particular, durante el siglo XX el humor antioqueño puede considerarse una experiencia pionera y muy original, con la cual se generó en Colombia, a partir de formatos radiales como los de “Montecristo”, un primer tipo de humor regional masivo y diferente a los demás “buenos humores” del resto del país, pues éstos, o no existían, o no habían sido dados a la luz.

A partir entonces de los humoristas antioqueños de esa época, muy destacadamente “Montecristo”, un poco exagerados pero eficaces para hacer reír, se gestó una clase de “humor antioqueño” en la segunda mitad del siglo XX, y también se crearon otros estereotipos en otras regiones, para “competirle” al antioqueño, con poco éxito.

Antioquia, con sus peculiaridades que a muchos disgustan pero que a otros gustan, caracterizó así a su región mediante el buen humor, masivamente y durante décadas, a través de la radio y la televisión, y a partir de entonces se fueron formando más elencos humorísticos en diversas zonas regionales, caracterizando muy sanamente las diferentes regiones del país en este imprescindible aspecto de la cultura.

Comenzando el siglo XXI, la matriz pionera del humor antioqueño había sido complementada y aún desplazada de los medios por el humor boyacense, el humor caleño, el humor costeño, el humor santandereano… Sólo hasta hace muy poco, el humor antioqueño ha vuelto por sus fueros, y hoy día en 2007 está “contraatacando” con su personalidad propia y obviamente muy distintiva y divertida.

Entre los muchos voceros del humor antioqueño, algunos ya fallecidos y otros destacados actualmente en los medios masivos y los escenarios, hay que mencionar entre los “viejos” a Cosiaca y Salvo Ruiz y al insuperable Montecristo. Y entre los contemporáneos, al popular dúo Tola y Maruja, además del esforzado Crisanto Vargas (Vargasvil), y Fosforito y Mario Betancur “El Preso” y, más recientemente (2008-2010), a Suso “El Paspi”.

En el teatro del humor antioqueño sobresale con muchos y merecidos galardones merecidos el grupo El Águila Descalza.

Entre los personajes femeninos del humor antioqueño sin duda se destaca la Nena Jiménez, una campeona del “chiste verde” o “picante” quien, con un sentido estilo muy popular y “grosero” de corte totalmente paisa, ha hecho reír a millones con sus ocurrencias que nunca prepara; La Nena Jiménez ha preferido siempre la improvisación, en la cual es maestra y sobre la cual hay que quitarse el sombrero.

La única escuela de Humor de Colombia está localizada en Medellín. La creó y la dirige Vargasvil.